miércoles 3 de febrero de 2010

¿ES EFECTIVO TU EQUIPO?

Hoy en día, las empresas se están organizando a través de equipos multifuncionales, locales o globales, que si son efectivos, les permite ser suficientemente flexibles y ágiles para poder dar una respuesta satisfactoria al entorno cambiante en el que estamos inmersos.

Para que un equipo sea efectivo, consiguiendo que “la suma total sea mayor que la suma de las partes”, es necesario que sus miembros tengan habilidades complementarias entre sí y que estén comprometidos con un objetivo, procesos y resultados comunes, de los que son mutuamente responsables.
Ésta es la clave: Complementariedad, Objetivos Comunes y Resultados y Responsabilidades Compartidas.

Y para que esto se convierta en una realidad, además de la adecuada gestión del equipo, es necesario que…
  • La información sea abierta honesta y fluya en todas las direcciones, compartiéndose totalmente.
  • Las relaciones interpersonales entre todos sus miembros estén basadas en la confianza, el respeto mutuo, el apoyo y la colaboración.
  • El conflicto se vea como algo natural, que incluso pueda ayudar, y esté centrado en los asuntos y no en las personas.
  • La atmósfera que se respira se caracterice por ser abierta y participativa.
  • Las decisiones se tomen por consenso, consiguiendo el compromiso de todos los miembros al poner los objetivos globales por encima de los objetivos e intereses individuales.
  • El liderazgo se comparta entre todos los miembros, sobre la base de las competencias que aporta cada uno. 
  • El trabajo se oriente hacia la búsqueda de soluciones y resultados, en vez de centrarlo en el control de la actividad en sí misma.
  • La creatividad y la innovación constituyan la base del trabajo.
El que un equipo tenga estas características depende, en gran medida, de la actitud y estilo del líder del mismo. Por lo que la pregunta que debe hacerse es ¿Es efectivo mi equipo? Y a partir de ahí y en función del análisis de las caracteríticas definidas, hacer los cambios necesarios para adquirir dicha efectividad.

martes 26 de enero de 2010

¿TE GUSTA LO QUE VES A TU ALREDEDOR?

Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada.

Cierto día, un perrito buscando refugio del sol logró meterse por el agujero de una de las puertas de dicha casa.

El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subir las escaleras se topó con una puerta semi-abierta; lentamente se metió en el cuarto.

Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto había 1000 perritos más observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos.

El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco y los 1000 perritos hicieron lo mismo.

Posteriormente, sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos. ¡El perrito se quedó sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él!.

Cuando salió del cuarto, se quedó pensando: "¡Qué lugar tan agradable! ¡Voy a venir más seguido a visitarlo!".

Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado, ya que lo estaban mirando de una manera agresiva.

Posteriormente empezó a gruñir; obviamente vio cómo los 1000 perritos le gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también.

Cuando este perrito salió del cuarto pensó: "¡Qué lugar tan horrible es éste! ¡Nunca más volveré a entrar allí!".

En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía: "La casa de los 1000 espejos".

¡Así es la vida! Lo que hay a nuestro alrededor es un reflejo de lo que somos y recibimos aquello que damos.

Según las investigaciones, nosotros, con todo lo que hacemos, decimos y/o nos comportamos, somos generadores de energía que impacta en los demás y hace que estos reaccionen en la misma sintonía de la energía que reciben.

Por ello, cuando nos encontremos en situaciones en las que:
  • La gente no se relaciona con nosotros o tenemos problemas de relación con los demás.
  • La gente de nuestro alrededor tiende a estar nerviosa y malhumorada o con un nivel de entusiasmo y energía bajo mínimos.
  • Tenemos problemas en los trabajos en los que estamos.
  • Tenemos un equipo con bajo rendimiento.
  • Etc.
Lo primero que tenemos que hacer es mirarnos en un espejo exterior e interior y analizar qué mensajes estamos mandando, porque, sin lugar a dudas, hay algo que tenemos que cambiar en nosotros si queremos que nuestro alrededor cambie.

miércoles 20 de enero de 2010

DEJE DE INTENTARLO Y HÁGALO!

Cuántas veces nos descubrimos diciendo y/o pensando “Intentaré cumplir estos objetivos”,intentaré solucionar este problema”, “voy a intentar adelgazar” y así un sinfín de propósitos que al cabo de un tiempo no quedan más que en buenas intenciones que el tiempo se encarga de diluir.

Cada vez que decimos “lo intentaré”, lo que estamos haciendo en el fondo es excusarnos por adelantado de que no vamos a lograr algo y nadie nos va a poder decir nada, porque no dijimos que lo haríamos, dijimos que lo intentaríamos y eso sí que lo hemos hecho.

Cuando explicamos este concepto en los seminarios que impartimos, siempre ponemos el mismo ejemplo, porque es muy clarificador: si invitamos a alguien a una fiesta y su respuesta es que intentará venir ¿Qué es lo que ya sabemos de antemano? Como seguramente usted está pensando en este momento:  sabemos que no va a venir a la fiesta. Pues esto es igual para todos los ámbitos de la vida.


Las últimas investigaciones neurocientíficas nos indican que lo que pensamos y lo que nos decimos tiene una elevada incidencia en nuestro rendimiento y en nuestros logros, ya que actúa directamente sobre el rendimiento de nuestro cerebro. Nuestro cerebro sigue las órdenes que le transmitimos con nuestros pensamientos y nuestro lenguaje.

Si partimos de la idea de que vamos a intentar hacer y/o conseguir algo, lo que hacemos es mandarle a nuestro cerebro el mensaje de que ese objetivo no vale la pena y que, en consecuencia, no debe invertir mucha energía en encontrar soluciones. De esta manera, lo más probable es que en el primer obstáculo que encontremos en el camino abandonemos, auto-convenciéndonos de que ya veíamos que era difícil lograrlo.

Por el contrario, cuando decidimos que vamos a hacer algo y nos comprometemos a realizarlo a través de nuestro lenguaje y nuestros pensamientos, nuestro cerebro recoge la orden de que es posible y vale la pena. A partir de ese momento, se encarga de generar la energía necesaria y focalizarse para encontrar los recursos necesarios para que ese objetivo acabe convirtiéndose en realidad, aunque eso sí, no sin esfuerzo por nuestra parte.

Por eso es importante que nunca digamos ni permitamos que nadie nos diga lo intentaré. O lo hacemos o no lo hacemos, pero no lo intentamos. O lo hacen o no lo hacen, y aceptamos que no lo hagan buscando otras alternativas, pero no permitimos que nos digan que lo van a intentar.

Este es, sin duda, uno de los primeros pasos que es condición “sine qua non” dar para asumir la responsabilidad de nuestras vidas y empezar a trabajar para conseguir aquello que queremos conseguir.

miércoles 13 de enero de 2010

DE LA CULTURA DE LA DEDICACIÓN A LA CULTURA DEL RENDIMIENTO


 

Según los estudios y análisis realizados, España es uno de los países de la Unión Europea donde más horas se trabaja y, sin embargo, el que tiene uno de los niveles de productividad más bajo y entendemos que ello es debido a que todavía hay directivos y mandos intermedios que consideran que el buen trabajador es aquel que dedica muchas horas, y todavía hay empresas en las que impera la cultura de la dedicación.

Si queremos que estos ratios mejoren, es necesario empezar a cambiar el “chip”. Hay que empezar a cambiar la cultura de la empresa y la mentalidad de los directivos y mandos de la misma hacia una cultura del Rendimiento en la que se valoren los resultados que se obtienen. 
Por otro lado y si tenemos en cuenta la opinión de los expertos que aglutina el Worforce Management, en los próximos años cada vez más las nuevas tecnologías y las redes sociales harán que los lugares de trabajo estén más distantes entre sí, el trabajo sea más flexible y que, en consecuencia, empiecen a imperar los freelance y los equipos de trabajadores virtuales. Estos hechos también obligarán a que las Compañías se replanteen su estrategia de gestión, flexibilizándose y empezando a trabajar en ambientes más colaborativos y horizontales.

En nuestra opinión, para producir este cambio es necesario trabajar en tres ámbitos diferenciados:
  1. La cultura organizativa: entendemos que se deben definir y/o impulsar unos valores organizativos que integren, además de aquellos aspectos que definen la forma con la que queremos hacer negocios y relacionarnos con el entorno, los clientes y los accionistas, aquellos valores que definen la relación con nuestro equipo y que vayan dirigidos a primar el desempeño profesional de nuestra gente.
  2. El establecimiento de unos Sistemas de Gestión de Recursos Humanos coherentes con dichos valores y que integren no sólo la consecución de resultados sino también, la forma en que se consiguen dichos resultados.
  3. La formación del equipo directivo: para que los valores acaben convirtiéndose en una realidad del día a día en el funcionamiento de la empresa, a través de un comportamiento coherente con estos.
Si no se trabajan los tres ámbitos secuencialmente, se hace prácticamente imposible la consecución de los resultados deseados.